Un contrato de residencia canina bien redactado debe recoger, como mínimo, la identificación de las partes y del perro, las condiciones de salud y vacunación, el régimen de alimentación y medicación, el reparto de responsabilidad ante incidentes, las tarifas y la política de cancelación, el protocolo veterinario de urgencia y la cláusula de protección de datos. Sin estos puntos por escrito, cualquier desacuerdo se convierte en la palabra de uno contra la del otro.
Tanto si gestionas un centro como si vas a dejar a tu perro durante las vacaciones, este documento es la herramienta que define quién responde de qué. Esta guía desglosa cláusula por cláusula qué debe contener un contrato de estancia canina en España y por qué cada apartado importa.
Identificación de las partes y del animal
El contrato empieza identificando con precisión a las dos personas que lo firman y al perro que va a alojarse. Parece obvio, pero la falta de datos completos es la causa más frecuente de problemas cuando hay que localizar a un dueño o demostrar quién entregó al animal.
En el bloque del titular deben constar nombre completo, DNI o NIE, domicilio, teléfono y un correo electrónico de contacto. Conviene añadir un segundo contacto de emergencia, una persona autorizada a recoger al perro o a tomar decisiones si el titular está ilocalizable.
Ficha del perro
Del animal se registra el nombre, la raza o cruce, el sexo, la edad, el peso aproximado y, de forma imprescindible, el número de microchip. El microchip es obligatorio en toda España desde la entrada en vigor de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, y permite vincular sin ambigüedad al perro con su documentación sanitaria.
Es buena práctica describir el carácter del perro y sus particularidades: si es reactivo con otros animales, si tiene miedo a los ruidos, si tira de la correa o si no tolera estar solo. Esta información protege al centro y mejora el bienestar del animal durante la estancia.
Estado de salud, vacunas y desparasitación
La cláusula sanitaria es la columna vertebral del contrato. El dueño declara que el perro está sano en el momento de la entrega y aporta la cartilla o el pasaporte veterinario actualizado. La mayoría de centros exige tener al día la vacuna antirrábica —obligatoria en casi todas las comunidades autónomas—, la polivalente y, dado que el perro va a convivir con otros, la vacuna contra la tos de las perreras (Bordetella).
El documento debe dejar por escrito qué pasa si el perro llega sin la pauta vacunal completa: el centro puede rechazar el ingreso o condicionarlo. Conviene también indicar la fecha de la última desparasitación interna y externa, porque un animal con pulgas o garrapatas puede afectar al resto de huéspedes.
Declaración de enfermedades previas
El titular debe declarar cualquier patología crónica, alergia o tratamiento en curso. Ocultar una enfermedad no solo pone en riesgo al perro, sino que puede liberar al centro de responsabilidad si un problema se agrava por una dolencia no comunicada. Una epilepsia, una cardiopatía o una diabetes cambian por completo el protocolo de cuidado.
Alimentación, medicación y rutinas
Aquí se concreta el día a día del perro. El contrato debe especificar si el dueño aporta su propio pienso —lo recomendable para no alterar la digestión— o si el centro proporciona la comida, con qué marca y en qué cantidad. Se indican el número de tomas diarias y los horarios.
Si el perro toma medicación, el apartado tiene que detallar el nombre del fármaco, la dosis, la frecuencia y la vía de administración. Es razonable que el centro pida la pauta firmada por el dueño y, en tratamientos delicados, un informe veterinario. Conviene pactar si la administración de medicación supone un coste adicional.
Las rutinas también cuentan: número de paseos, acceso a zonas exteriores, si el perro duerme en box individual o en zona compartida, y si se le permite socializar con otros animales o debe permanecer separado.
Responsabilidad civil y seguro
Este es el apartado que más conflictos evita y el que muchos contratos caseros olvidan. Hay que delimitar quién responde de los daños: si el perro causa lesiones a otro animal, a una persona o a las instalaciones, y si el animal sufre un daño durante la estancia.
Un centro profesional debe disponer de un seguro de responsabilidad civil que cubra su actividad. El contrato debería mencionar su existencia. Por su parte, conviene que el dueño confirme si su perro está catalogado como potencialmente peligroso (PPP), en cuyo caso la normativa exige seguro de responsabilidad civil específico, licencia y, en muchos casos, condiciones de alojamiento reforzadas.
Límites razonables de responsabilidad
El centro puede incluir cláusulas que limiten su responsabilidad por hechos imprevisibles o fuerza mayor, pero no puede exonerarse de su propia negligencia: una cláusula que pretenda eximir al centro de toda culpa, incluso por descuido grave, sería abusiva y nula conforme a la legislación de consumo. El equilibrio está en responsabilizarse de lo que controla y no de lo inevitable.
Tarifas, señal y política de cancelación
El contrato debe reflejar el precio con total claridad: tarifa por día o por noche, qué incluye y qué se factura aparte. Como orientación, las residencias caninas en España se mueven habitualmente entre 12 y 30 euros por día según la zona, el tipo de alojamiento y los servicios incluidos; en temporada alta y en grandes ciudades las cifras suben.
Hay que detallar los extras frecuentes: administración de medicación, baño antes de la recogida, paseos individuales adicionales, transporte o recogida a domicilio. Cada servicio con su importe evita sorpresas en la factura final.
La política de cancelación merece su propio párrafo: importe de la señal o depósito, plazos de devolución según la antelación con que se anule y condiciones especiales en fechas de máxima demanda como agosto o Navidad. Una cláusula de cancelación clara y proporcionada protege a ambas partes; una que retenga el importe íntegro sin justificación puede considerarse abusiva.
Protocolo veterinario de urgencia
Ningún contrato puede prever todo, pero sí ordenar la reacción ante una emergencia. Esta cláusula autoriza —o no— al centro a llevar al perro al veterinario si su salud lo requiere y el dueño está ilocalizable. Debe fijar un importe máximo que el centro puede asumir sin consultar y aclarar quién paga: lo habitual es que el coste veterinario corra a cargo del dueño.
Es útil indicar el veterinario de referencia del perro por si hay historial relevante, y el centro veterinario de urgencias con el que trabaja la residencia. Cuanto más definido esté el protocolo, menos tiempo se pierde cuando cada minuto cuenta.
Protección de datos y derecho de imagen
La residencia recoge datos personales del dueño y, por tanto, está sujeta al Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y a la LOPDGDD. El contrato debe informar de quién es el responsable del tratamiento, con qué finalidad se usan los datos —gestionar la estancia y la facturación— y cómo ejercer los derechos de acceso, rectificación y supresión.
Si el centro publica fotos o vídeos de los perros en redes sociales —una práctica muy común para mostrar el día a día—, necesita el consentimiento expreso del dueño. Conviene incluir una casilla específica para autorizar o denegar el uso de la imagen del animal, separada del resto del contrato.
Entrega, recogida y firma
El último bloque fija las fechas y horas de entrada y salida, el horario de recogida y qué ocurre si el dueño no aparece en la fecha pactada: días adicionales facturables y, en casos extremos de abandono, el procedimiento a seguir. El contrato se cierra con la fecha, el lugar y la firma de ambas partes, idealmente con dos copias.
Para un centro que gestiona decenas de entradas y salidas, mantener todos estos contratos en papel o en hojas de cálculo sueltas se vuelve inmanejable. Un software de gestión para hoteles caninos como SIMBOO permite asociar cada contrato, ficha sanitaria y factura a la reserva del perro, generar la documentación de forma homogénea y cumplir con los requisitos de facturación electrónica como Verifactu sin perder el rastro de ningún acuerdo.
El siguiente paso
Redacta una plantilla con los nueve bloques de esta guía —partes, ficha del perro, salud, alimentación y medicación, responsabilidad civil, tarifas y cancelación, urgencias veterinarias, protección de datos y firma— y revísala antes de tu próxima reserva o ingreso. Si buscas dónde dejar a tu perro con garantías, consulta nuestro directorio de hoteles caninos y compara centros que trabajan con contrato por escrito: es la señal más clara de profesionalidad.